Temo al dolor. Y tanto miedo me hace daño. Cuchillos me desgarran por dentro sólo de pensar que pueda perderte, que no siendo suficientemente buena para ti aparezca la mujer perfecta y te arranque de mis brazos. Y me veo sola, hundiéndome el la oscuridad sin ti, sin fuerzas para luchar, incapaz de ver más allá de mi tristeza.
Despierto. E incluso a la luz del día me es imposible distinguir qué fue cierto y qué no, y pienso que todo lo que pasó cinco minutos atras posiblemente pueda ser real. Y conforme va avanzando el día se hace más duro, porque no te veo, porque no sé si realmente existes o sólo fuiste un sueño, y poco a poco saturo mi cerebro de forma inconsciente con conjeturas infundadas en una base real, carentes completamente de sentido.
Las ganas de llorar aumentan con cada minuto. ¿Llorar por qué? No lo sé, quizá solo sea para aliviar la presión de mi cabeza, como una vía de escape para esas ideas descabelladas, para limpiar mi mente de tumores malignos.
Quizá una ducha también ayude. Voy a probar.
16 noviembre 2007
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
